La palabra ermita, cuya etimología se mantiene en todas las lenguas derivadas del latín, presenta la misma acepción que su equivalente en las lenguas no latinas. Siempre se refiere a la idea de « yermo o inhabitado ». A veces denota simplemente aislado. En las lenguas romances se remonta al latín tardío eremus, que procede del griego éremos, significando « solitario o desértico ». Las ermitas han tenido distinto significado a lo largo de la historia, aunque siempre han sido santuarios o capillas en lugares despoblados. Los eremitas o ermitaños han morado en ellas por separado y, en otros momentos, en pequeños grupos. Ha habido ermitas que han sido construidas, no para ermitaños, sino para viajeros, con el objeto de que pudieran implorar protección divina al partir, o dar gracias al regresar. También se han levantado ermitas para el culto de los pastores y para albergar cofradías o hermandades.